{"id":855,"date":"2021-08-21T17:24:22","date_gmt":"2021-08-21T17:24:22","guid":{"rendered":"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/?p=855"},"modified":"2021-08-21T17:24:22","modified_gmt":"2021-08-21T17:24:22","slug":"la-rabia-un-cuento-de-amir-abdala","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/?p=855","title":{"rendered":"\u00abLa rabia\u00bb, un cuento de Amir Abdala"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"856\" data-permalink=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/?attachment_id=856\" data-orig-file=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Rabia.jpg\" data-orig-size=\"592,397\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Rabia\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Rabia.jpg\" class=\"size-medium wp-image-856 alignleft\" src=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Rabia-300x201.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"201\" srcset=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Rabia-300x201.jpg 300w, https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2021\/08\/Rabia.jpg 592w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c\u2026Y paso los d\u00edas midiendo con los ojos la altura de los muros\u201d.\u00a0<\/span><\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Diderot<i><span style=\"font-weight: 400;\">. La religiosa.<\/span><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se desperez\u00f3 a media ma\u00f1ana. Record\u00f3 que ten\u00eda cita con su odont\u00f3logo y se levant\u00f3 pesadamente, descorriendo las cortinas blancas del cuarto. Una resolana tenue decoraba el d\u00eda, haci\u00e9ndola sentir cansada y sin entusiasmo. Se lav\u00f3 la cara, orin\u00f3 y reci\u00e9n despu\u00e9s se cepill\u00f3 los dientes, quit\u00e1ndose el mal aliento y alguna que otra evidencia de carne o fruta de la noche anterior. Mientras hac\u00eda g\u00e1rgaras, pensaba que era un m\u00e9todo innecesario refrescarse la boca para ir al dentista, ya que \u00e9l usaba barbijo y guantes descartables: toda una cadena de elementos nerviosos que la hac\u00edan dudar si las precauciones tomadas pod\u00edan ser biodegradables o no. Se prometi\u00f3 experimentar al respecto.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ya en la cocina, prepar\u00f3 el mate y calent\u00f3 la pavita de aluminio que le hab\u00eda regalado su madrina meses antes de morir. La extra\u00f1aba cada vez que prend\u00eda la hornalla y sorb\u00eda el l\u00edquido amargo sola, sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que la gatita callejera que la visitaba cada tanto maull\u00e1ndole en el ventiluz del ba\u00f1o. Lograba escucharla por las dimensiones chicas y humildes de su casa. De todas maneras, no tendr\u00eda tiempo de sorber tantos mates amargos como para eliminar su refrescante higiene bucal. Mir\u00f3 el reloj imantado que descansaba en la heladera y se apur\u00f3 a salir. La espera de quien la esperaba no merec\u00eda retraso ni hac\u00eda justicia a la impuntualidad. Por lo menos, no con sus principios.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cRoc\u00edo Vidal\u201d, la llam\u00f3 la secretaria. \u201cVidal Roc\u00edo\u201d, repiti\u00f3 ella, par\u00e1ndose. Una vez que estuvo adentro del consultorio, cerr\u00f3 la puerta y se qued\u00f3 de pie hasta que el dentista la invit\u00f3 a sentarse. \u201cA ver, Roc\u00edo\u201d, le dijo \u00e9l. Y ella respondi\u00f3, casi al un\u00edsono: \u201cRoc\u00edo est\u00e1\u201d. El dentista provoc\u00f3 adrede el falso eco que lo secundaba. Sonri\u00f3. \u201cHace mucho que no ven\u00eds\u201d, la amonest\u00f3. Le pidi\u00f3 que se recostara sobre el sill\u00f3n reclinable. Obedeci\u00f3, tranquila, mostr\u00e1ndole la dentadura completa. \u201cMuy bien\u201d, la alent\u00f3 \u00e9l, y ella se sinti\u00f3 orgullosa, dej\u00e1ndose hamacar en las palabras de aprobaci\u00f3n. \u201cVoy a pinchar. Respir\u00e1 hondo y relajate\u201d. Respir\u00f3 hondo, pero no logr\u00f3 relajarse. La luz que usaba el dentista (para interrogar a lo largo y a lo ancho de la cavidad bucal) la enceguec\u00eda. \u201cGingivitis, Roc\u00edo\u201d. \u201cRoc\u00edo, sangra; s\u00ed\u201d, le aclar\u00f3 ella.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El dentista trabaj\u00f3 limpiando el sarro y la hinchaz\u00f3n de las enc\u00edas. Ella se enjuagaba y descansaba por tandas. No le dol\u00eda la presi\u00f3n del torno entre los dientes. Al contrario, la hac\u00eda imaginarse de ni\u00f1a observando las luci\u00e9rnagas que bailoteaban en la ventana de su vieja casa del campo o en el pelaje sedoso de su entra\u00f1able petiso \u201cPipo\u201d, que tambi\u00e9n le hab\u00eda regalado su madrina cuando se cas\u00f3 con el due\u00f1o de una estancia vecina que sembraba la tierra con tractores, m\u00e1quinas agr\u00edcolas y fertilizantes, todo un conjunto nocivo para la salud de los que viv\u00edan cerca. En el interior de su inocencia, a\u00fan era feliz sin saberlo; incluso con el sabor \u00e1cido de la sangre y el jugo de la saliva salpic\u00e1ndole los p\u00e1rpados de sus ojos cerrados.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cEl tratamiento es cada seis meses\u201d. El dentista le hizo una receta para que cambiara el cepillo y la pasta dental. \u201cTe pod\u00e9s sacar eso, si quer\u00e9s\u201d. Ella se dej\u00f3 el babero mojado que colgaba del cuello de su musculosa negra. No se lo sacar\u00eda. Consideraba un sacrilegio moral despreciar los efectos brillantes que produc\u00eda la luz; cualquier tipo de luz (aunque no reconociera con facilidad ciertos matices). La secretaria entr\u00f3 y le alcanz\u00f3 una nota de pr\u00f3xima visita con letra de imprenta, grande y clara. \u201cPeg\u00e1 esto en un lugar que lo puedas leer, Roc\u00edo\u201d. \u201cRoc\u00edo agenda\u201d, se dijo para s\u00ed misma doblando el papel y guard\u00e1ndolo con cuidado en la ri\u00f1onera. La secretaria, se\u00f1a mediante con el dentista, le desabroch\u00f3 el babero y lo tir\u00f3 al cesto de los desechos pl\u00e1sticos. Roc\u00edo sigui\u00f3 el vuelo lento del bollo azul marino hasta que qued\u00f3 apoyado en la c\u00faspide de los otros bollos azules marinos. \u201cTom\u00e1 uno nuevo\u201d, le ofreci\u00f3 el dentista. Lo agarr\u00f3 y lo apret\u00f3 en su mano derecha. \u201cAy, Roc\u00edo\u201d, le coment\u00f3 la secretaria jugando a retarla. \u201cRoc\u00edo es\u201d, le respondi\u00f3 ella, peg\u00e1ndose suavemente en la frente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Despu\u00e9s del almuerzo, Roc\u00edo se encontr\u00f3 en el patio de su casa deshilachando un buzo de lana color bord\u00f3 que colgaba de la soga. Los copitos que parec\u00edan de nieve flotaban hasta caer en el silencio de la siesta, llenando de fantas\u00eda y asombro el piso de cemento. A su lado hab\u00eda un limonero alto, de esos limoneros que suelen abastecer de frutos durante todo el a\u00f1o. Desde sus infinitas ramificaciones, se apreciaba la redondez amarilla e intensa de los limones que chocaban contra la p\u00e1lida resolana. El efecto provocaba una sensaci\u00f3n de ausencia, tan particular en ese rinc\u00f3n inm\u00f3vil de la llanura pampeana.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Otras veces, el espect\u00e1culo de la lluvia era muy requerido en primavera: las calles simulaban convertirse en una enorme canaleta tapada de hojas secas, donde el inocente desprejuicio de los ni\u00f1os y las ni\u00f1as hac\u00edan valer en el verdadero baile, empap\u00e1ndose bajo las gotas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El patio era tan chico como el ancho de unos brazos estirados en forma de cruz. De nada servir\u00eda para Roc\u00edo ostentar un lugar amplio o repleto de habitaciones, si s\u00f3lo viv\u00edan ella y sus pensamientos; similar al que la estaba sorprendiendo en ese mismo instante, cuando acomod\u00f3 el babero que le hab\u00eda regalado el dentista ante el pie enraizado del limonero. Calcul\u00f3 unos minutos y le puso un ladrillo encima para que no se volara ni fuera destruido por la curiosidad de la gatita que sol\u00eda visitarla. Concluy\u00f3 que de esta manera averiguar\u00eda si la composici\u00f3n del material era biodegradable o no.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Contenta con su ocurrencia y con el recuerdo de haber parecido m\u00e1s repetitiva que de costumbre en el consultorio del odont\u00f3logo, busc\u00f3 las agujas de tejer y, mientras un\u00eda unos escarpines punto por punto, se remont\u00f3 hacia su adolescencia cuando, en octavo grado, la profesora de Lengua y Literatura la hizo leer y debatir (detalle no menor) el cuento <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Casa tomada<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Julio Cort\u00e1zar. Esa aventura le vali\u00f3 el principio de una cosecha apilada de libros disfrutados.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En sus movimientos precisos de lana y aguja, se involucr\u00f3 en la vida rutinaria de Irene, identific\u00e1ndose con la descripci\u00f3n que daba su hermano sobre ella en el relato: \u201c\u2026Una chica nacida para no molestar a nadie\u201d. Seg\u00fan Roc\u00edo, esas palabras eran sinceras, siendo que ella misma tambi\u00e9n hab\u00eda nacido para no molestar a nadie; pero, en su indiscutible situaci\u00f3n, s\u00ed para incomodar a mucha gente. Su \u00e1nimo sub\u00eda y bajaba, y el hechizo de la literatura se romp\u00eda cuando los fantasmas tomaban cuarto por cuarto la casa y despojaban a los moradores de sus existencias apacibles y mon\u00f3tonas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roc\u00edo, sin poder diferenciar esfuerzo de voluntad, se molestaba con el final que le presentaba el autor. Y por este motivo aprendi\u00f3 a tejer. Se hab\u00eda propuesto que el cuento no terminar\u00eda nunca de la manera dispuesta. En su inquietud, era una joven curiosa y honesta. Consideraba que lo importante eran las preguntas y no las respuestas. Su tiempo estaba dividido entre el silencio y la soledad. En el medio se dibujaban baches oscuros. A veces, perd\u00eda la noci\u00f3n de la realidad y se encontraba con su casita colmada de globos de colores, velas prendidas a merced de la noche o todas las canillas abiertas y tapadas, donde flotaban barquitos y grullas de diarios viejos. Tambi\u00e9n, le gustaba responder con su nombre, porque dec\u00eda que era su firma al comenzar una frase. Su fuerte consist\u00eda en encontrar lo bello, lo profundo, lo \u00edntimo; y daba por sentado sobremanera que lo superficial y lo llamativamente est\u00e9tico no encajaban con su personalidad, aunque jam\u00e1s dejaba a alguien hablando solo, ni mucho menos sin escucharlo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su inteligencia era \u00fanica; y lo sab\u00eda. Sacaba provecho de ello cuando un cosquilleo en la entrepierna (que le ven\u00eda cada tanto) le avisaba que tendr\u00eda que caminar los ciento setenta y siete pasos contados de ida hasta su incuestionable secreto. Y cuando este hecho suced\u00eda, abandonaba la tarea que estuviese haciendo (como ahora tejer) y sal\u00eda sonriente y despreocupada en busca de su fortuna; fuera \u00e9sta: buena, mediocre o absurda.\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al principio, Roc\u00edo se mantuvo alerta; despu\u00e9s, se relaj\u00f3 y goz\u00f3. Su excitaci\u00f3n crec\u00eda acorde a las embestidas r\u00e1pidas del cuerpo que se encontraba debajo de ella. Se enfrentaba a unos labios conocidos que la mord\u00edan. De su piel afloraba un perfume h\u00famedo, producto del roce. El placer la seduc\u00eda. De pronto, sinti\u00f3 sobre su espalda la presi\u00f3n de una mano rugosa que empezaba a calentarse en sus muslos. Tard\u00f3 en darse cuenta de que no eran caricias. Los golpes vibraban secos. Su sensibilidad cabalgaba dentro de un sentido injustificable. Como pocas veces le pasaba, retom\u00f3 el camino trazado hasta la posici\u00f3n que ocupaba y se sorprendi\u00f3 al recordar que hab\u00eda reparado en una sombra que se paseaba inquieta. La voz que proven\u00eda desde abajo, imitando la entonaci\u00f3n de una garganta que ped\u00eda auxilio porque comenzaba a asfixiarse, pregunt\u00f3: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 le peg\u00e1s?\u201d; y desde arriba, como si Dios estuviera d\u00e1ndole una lecci\u00f3n de dial\u00e9ctica al diablo, contest\u00f3: \u201cPara ablandarle la carne; igual a la milanesa\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Las figuras continuaron movi\u00e9ndose en una oscuridad transitoria, hasta la eyaculaci\u00f3n de los dos hombres. Cuando el que castigaba cay\u00f3 agitado hacia un costado, ella le confi\u00f3 al o\u00eddo del que hac\u00eda rato respiraba con normalidad: \u201cEstoy embarazada, pap\u00e1\u201d.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Eran las cuatro de la tarde. El aire en la habitaci\u00f3n se congel\u00f3. Y el cielo se hab\u00eda despejado.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roc\u00edo, el padre y el amigo descansaban acostados uno al lado del otro en la cama. Ella sinti\u00f3 que un l\u00edquido espeso le corr\u00eda por su brazo derecho. Se incorpor\u00f3, prendi\u00f3 la luz del velador pasando por encima de su padre y not\u00f3 que el amigo babeaba espuma. Escuch\u00f3 un lejano: \u201cAyudame, Roc\u00edo\u201d. Esper\u00f3 un momento y dijo: \u201cRoc\u00edo, ya hizo\u201d. Sin m\u00e1s, se levant\u00f3, se puso la musculosa negra, la pollera de jean, las sandalias y se pein\u00f3 frente al espejo de la c\u00f3moda.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Al salir, dej\u00f3 la puerta abierta de par en par.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando su madre la cruz\u00f3, ella cavilaba sentada en un banquito de madera acarici\u00e1ndose una pancita de tres meses.\u00a0\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cVamos a tomar un t\u00e9\u201d, la invit\u00f3 su madre. \u201cYa vine\u201d, le contest\u00f3 Roc\u00edo. Por libre asociaci\u00f3n, su madre se dio cuenta de que Roc\u00edo ya hab\u00eda estado en su casa, pero se hizo la desentendida. Ambas entraron esquivando objetos de alba\u00f1iler\u00eda. El padre y su amigo revocaban una pared picada. \u201c\u00a1Bien, bien!\u201d, los areng\u00f3 la madre. \u201cCon este clima no se va a secar un carajo\u201d, le respondi\u00f3 el padre, m\u00e1s para s\u00ed que para ella. Tampoco les importaba demasiado. La estructura de la casa se desmoronar\u00eda al menor descuido. O, fantaseaba Roc\u00edo, alg\u00fan d\u00eda se posar\u00eda un pajarito en un clavo equivocado y\u2026 \u00a1Bum! Su idea le causaba paz, sin saber bien por qu\u00e9.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mientras su madre le alcanzaba la taza y le advert\u00eda mediante se\u00f1as que la porcelana pod\u00eda estar caliente, le coment\u00f3 con complicidad que le resultaba agradable el amigo del padre. Precisamente us\u00f3 estas palabras: \u201cMe parece atractivo\u201d; a lo que Roc\u00edo, muy \u00e1gil de mente, le contest\u00f3: \u201cLe gusta la milanesa\u201d. Ante la respuesta, la madre exager\u00f3 una carcajada inc\u00f3moda. Despu\u00e9s de la pausa, Roc\u00edo agreg\u00f3: \u201cTiene rabia\u201d. Su madre trag\u00f3 saliva, intuyendo lo evidente; adem\u00e1s de lo que ella ya conoc\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Sin embargo, la funci\u00f3n continu\u00f3: \u201cEst\u00e1s m\u00e1s gordita, Roc\u00edo\u2026\u201d; \u201cRoc\u00edo por el beb\u00e9\u201d. La madre sorbi\u00f3 mirando la taza humeante. \u201c\u00bfC\u00f3mo sab\u00e9s eso?\u201d; \u201cLa madrina una vez\u201d, reafirm\u00f3 con una mueca de alegr\u00eda. En este punto, la madre relacion\u00f3 todas las ideas que su cabeza no quer\u00eda conectar. La indag\u00f3: \u201c\u00bfTu padre sabe?\u201d. Roc\u00edo abri\u00f3 grande sus ojazos azules, dici\u00e9ndole entre inocente y maliciosa: \u201cMejor que yo\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esta vez, eran las siete de la tarde y comenzaba a anochecer. Se escuchaban los ruidos de las herramientas arrastradas a sus respectivas ubicaciones. El t\u00e9 de boldo de Roc\u00edo estaba helado. Su madre (siempre que le era necesario obviar lo evidente) se olvidaba de que a su \u00fanica hija no le ca\u00eda bien ninguna infusi\u00f3n de plantas o yuyos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En ese instante, asom\u00e1ndose a la ventana, el amigo del padre se desped\u00eda mostrando la palma de su mano derecha.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">El padre fumaba pitadas cortas de una pipa. La madre tarareaba una canci\u00f3n de moda. Roc\u00edo estaba apoyada contra la parrilla. Al verla, los \u00faltimos reflejos de la tarde hac\u00edan sentir que ella era una parte necesaria de la primavera. Su pelo lacio, corto y negro la posicionaban en un pedestal inalcanzable. Su madre le ten\u00eda envidia y se lo hac\u00eda saber mediante indirectas. En tanto, su padre, sentado en el suelo, sucio, preparaba su diaria dosis de vodka, ca\u00f1a de ruda y soda. Un trago detonante para los est\u00f3magos que no estuvieran familiarizados en levantarse con dolor, no s\u00f3lo de cabeza sino, tambi\u00e9n, de h\u00edgado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cDale un trago\u201d, dijo \u00e9l. Su madre, insidiosa, retruc\u00f3: \u201cEst\u00e1 embarazada\u201d. \u201c\u00bfY?\u201d, insisti\u00f3 \u00e9l. \u201cPreguntale a ella\u201d, se deslig\u00f3 del peso de esa molesta verdad. El padre la mir\u00f3 y frunci\u00f3 los labios achicando su ancho ment\u00f3n. Suponiendo que la belleza tuviera alg\u00fan par\u00e1metro discutible y estable, en Roc\u00edo no hab\u00eda ni se tolerar\u00eda ning\u00fan tipo de discusi\u00f3n. En definitiva, era perfecta por su sencillez, inocencia y modales sensibles.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201c\u00bfY si abort\u00e1s?\u201d; \u201cNo\u201d; \u201c\u00bfAcaso tu madrinita no te ense\u00f1\u00f3 que eso se puede pagar?\u201d Roc\u00edo aguant\u00f3 el llanto al recobrar la imagen de su madrina cont\u00e1ndole todas las calamidades que hab\u00eda hecho su madre para no tenerla. Le respondi\u00f3: \u201cNo quiero alambre de apio\u201d. \u201c\u00bfDe qu\u00e9 habla?\u201d, pregunt\u00f3 el padre, inquieto. La madre, algo acalorada, le dijo: \u201cQu\u00e9 tonta. Vos sab\u00e9s\u2026\u201d; el padre la interrumpi\u00f3 con sequedad: \u201c\u00bfQu\u00e9 mierda es el alambre de apio?\u201d<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roc\u00edo, cuando se pon\u00eda nerviosa, se quedaba quieta y abr\u00eda muy grande sus ojazos azules. La madre balbuce\u00f3 una respuesta incongruente para conformar al padre que, producto del alcohol, empezaba a desconocerse.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cNadie te va a lastimar\u201d; \u201c\u00bfQu\u00e9 le quer\u00e9s decir, Elsa?\u201d; \u201cQue podemos pagarle a un m\u00e9dico para que\u2026\u201d; \u201cNo tenemos plata\u201d; \u201cElla s\u00ed\u201d; \u201cPero es de ella. Y bastante hace por nosotros\u201d. La madre respiraba con odio tratando de reprimir las palabras que brotaban de su lengua. Cuando se arrepinti\u00f3, era demasiado tarde y su boca sangraba. La frase hab\u00eda sido lapidaria: \u201c\u00bfVas a ser pap\u00e1 y abuelo a la vez?\u201d<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roc\u00edo se pasaba los dedos por el pelo. Se encontraba confundida. \u00bfAcaso no estaba bien lo que ella practicaba con su padre? \u00bfAcaso no fue su madre la que una noche la invit\u00f3 a un\u00edrseles para que \u201cDescubriera el sabor de lo bueno\u201d? Le daba lo mismo el resto de la escena: su padre, desde que ten\u00eda uso de raz\u00f3n, le pegaba a su madre; pero a ella nunca le hab\u00eda levantado la mano ni pedido plata ni favores. La amaba tal como era y no la forzaba a tomar decisiones contra su voluntad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Su padre se par\u00f3 agarr\u00e1ndose de una silla, se acerc\u00f3 hasta ella y le dio un abrazo fuerte, largo y cari\u00f1oso, casi de despedida. Roc\u00edo lo imit\u00f3. Cuando se soltaron, le dijo toc\u00e1ndose la panza: \u201cVos Pedro\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">No hac\u00eda falta agregar nada m\u00e1s. Eran las nueve menos de diez de la noche. Y todav\u00eda quedaba una pregunta: \u00bfqu\u00e9 filosof\u00eda de vida acertar\u00eda sin equivocarse?<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roc\u00edo estaba acostada boca arriba. Se hab\u00eda ba\u00f1ado para sacarse, sobre todo, a su padre de la memoria de su cuerpo. Su madre y el amigo no le interesaban. Mientras ansiaba sentir las primeras pataditas, los primeros movimientos de felicidad en su creciente pancita, not\u00f3 que se desparramaban por todo el cubrecama los copitos de nieve color bord\u00f3 que entraban por la ventana con la refrescante brisa de la \u00faltima hora del d\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Esper\u00f3.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En sus veinticinco a\u00f1os y con las dificultades y prejuicios que atend\u00eda, su impulso y af\u00e1n por vivir no cesaban. Por ese motivo quer\u00eda ser madre: para mostrarle a su hijo (lo imaginaba var\u00f3n, porque la cuidar\u00eda) las ilusiones y desilusiones que presentaba la vida.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En su mente no reinaba la hipocres\u00eda. Las veces que hab\u00eda estado confundida y al borde de un acto incorrecto siempre aparec\u00eda alguna relaci\u00f3n r\u00e1pida, alguna interpretaci\u00f3n del pasado o los detalles m\u00e1s invisibles que la salvaban invent\u00e1ndole los \u201cbaches oscuros\u201d que cre\u00eda tener.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfNo habr\u00eda en el mundo otra persona como ella?<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cClaro que las hay, mi amor\u201d, le dec\u00eda su incondicional madrina. Caminaban juntas, de la mano, por un sendero de \u00e1lamos viejos que, a lo lejos, se completaban en un laberinto de curvas y sombras. \u201cUn poeta espa\u00f1ol muy sabio escribi\u00f3: <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Caminante no hay camino \/ se hace camino al andar<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">\u201d. Roc\u00edo contaba la cantidad de \u00e1lamos ansiando que su madrina comenzara a recitar otra y otra y otra vez la inexplicable (hasta entonces para ella) sensibilidad de esos humildes versos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Roc\u00edo hab\u00eda heredado la riqueza econ\u00f3mica de su madrina. Al no saber qu\u00e9 hacer con tanto capital, se dedic\u00f3 a pensarlo. Los capataces y peones sabr\u00edan administrar esas tierras. Ella los visitaba cada cierto tiempo, com\u00edan un rico cordero a la estaca que empezaba a asarse a las cuatro o cinco de la tarde, se tomaba vino patero de los vi\u00f1edos de cosechas anteriores guardados en la bodega, se horneaba pan en el horno de barro, se recolectaban las verduras de la huerta para las ensaladas, las frutas de los frutales para el postre, se contaban an\u00e9cdotas entre brindis, risas y recuerdos y adem\u00e1s, y tal vez lo m\u00e1s importante para Roc\u00edo, se hac\u00eda una sobremesa larga hasta el amanecer.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pod\u00eda pedir? Llevar\u00eda a su hijito Pedro a conocer a las personas que la hac\u00edan feliz. Y, por qu\u00e9 no, dejar\u00eda que su madre le hiciera upa y pasara el tiempo que quisiera jugando y mimando a su nieto. A su modo, entend\u00eda que las abuelas estaban para consentir un cari\u00f1o que los padres no sab\u00edan dar.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Mientras se dorm\u00eda, escuch\u00f3 que la gatita la llamaba maullando por el ventiluz del ba\u00f1o. Suspir\u00f3 aliviada y se tap\u00f3 con la s\u00e1bana blanca ba\u00f1ada en copitos de nieve color bord\u00f3.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Afortunadamente, no ser\u00eda una noche cualquiera.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>***<\/p>\n<p><strong>El autor:<\/strong> Amir Abdala naci\u00f3 en Rojas (Buenos Aires) en 1990. Escritor autodidacta es autor de los poemarios <em>Hay un poema dormido, hay un poeta despierto<\/em> (Imaginante, 2015), <em>Lo \u00fanico que pasa es lo que no se recupera<\/em> (Imaginante, 2016) y la novela <a href=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/2018\/09\/01\/el-vertigo-de-la-felicidad-amir-abdala\/\"><strong><em>El v\u00e9rtigo de la felicidad<\/em><\/strong><\/a> (Nido de Vacas, 2018).<\/p>\n<p><strong>(*)<\/strong> \u00abLa rabia\u00bb es un relato in\u00e9dito y fue seleccionado para la participar de la Antolog\u00eda Literaria Digital Nro. 66 (Agosto 2021) de la revista <a href=\"http:\/\/elnarratorio.blogspot.com\/p\/antologia-literaria-digital-nro-66.html\"><strong>El Narratorio<\/strong><\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abEn sus veinticinco a\u00f1os y con las dificultades y prejuicios que atend\u00eda, su impulso y af\u00e1n por vivir no cesaban. 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