{"id":650,"date":"2021-02-26T20:42:07","date_gmt":"2021-02-26T20:42:07","guid":{"rendered":"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/?p=650"},"modified":"2021-02-27T14:24:38","modified_gmt":"2021-02-27T14:24:38","slug":"las-ruinas-de-el-milagro-del-mono-pablo-vidal-y-prologo-de-juan-jose-oppizzi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/?p=650","title":{"rendered":"Las ruinas (de \u00abEl Milagro del Mono\u00bb, Pablo Vidal) y pr\u00f3logo de Juan Jos\u00e9 Oppizzi"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-198 alignleft\" src=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/El-milagro-del-Mono-Pablo-Vidal-196x300.jpg\" alt=\"\" width=\"196\" height=\"300\" \/><strong>PR\u00d3LOGO<\/strong><em> (por Juan Jos\u00e9 Oppizzi, de <a href=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/2019\/10\/10\/el-milagro-del-mono-pablo-vidal\/\">El milagro del Mono, Pablo Vidal, publicado por Milena Pergamino, 2018<\/a>) . <\/em>Este libro integra la primera de las <a href=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/2021\/02\/22\/promociones-188-inicio-de-clases\/\">#Promociones2021<\/a> que impulsa este colectivo.<\/p>\n<p>\u201cEstos cuentos se proponen dialogar con algunas de las ficciones de Jorge Luis Borges\u201d, dice Pablo Vidal en el prefacio que \u00e9l hizo para la primera edici\u00f3n. Es un concepto muy fiel a la realidad. Los catorce trabajos que componen aquel originario \u2013y este segundo\u2013 parto de papel asumen el riesgo. Toda aproximaci\u00f3n tem\u00e1tica o formal al autor de \u201cEl aleph\u201d pone a su escriba en un lugar inc\u00f3modo; pasa a integrar la multitud de similares y, por lo tanto, a quedar bajo una exigente lupa de comparaciones y de an\u00e1lisis. El milagro del \u201cMono\u201d rinde el examen con notas aprobatorias a trav\u00e9s de un m\u00e9todo que los lectores verificar\u00e1n no sin sorpresa. La ternura es la encargada principal de llevar la atemporalidad de don Jorge Luis hasta un tiempo y un lugar determinado. Una vez en ese sitio, un \u00e1mbito pueblerino, el pulso literario de Pablo Vidal clarea las virtudes propias. Y la mayor de ellas es la manera de internarse en los sue\u00f1os, en los espejos, en los desaf\u00edos, en los laberintos, en los v\u00f3rtices c\u00f3smicos, para metamorfosearlos en una sencillez emocionante y cotidiana. Parad\u00f3jicamente, la palabra \u201cfricciones\u201d titula (en la \u00faltima, precedida por el adjetivo \u201cotras\u201d) las dos partes en que se divide este libro. Am\u00e9n de aludir a la que us\u00f3 Borges para rotular uno de sus m\u00e1s celebrados conjuntos de relatos, engarza la idea de contacto \u00e1spero, de toque chisporroteante. Esa tensi\u00f3n vibra a lo largo de los diferentes cuentos de Pablo Vidal como un h\u00e1lito que remite a los c\u00e9lebres hechos y elementos ficcionales que les sirven de fuentes, pero no se revela con caprichos sem\u00e1nticos ni con petardos sint\u00e1cticos; lo hace tranquilamente, al mando de una prosa alejada del cancherismo con el que muchos escritores de hoy subestiman a los que leen sus obras. Tal vez, esa \u201c\u2026telara\u00f1a infinita tejida por quienes escribimos y leemos\u2026\u201d (Vidal dixit) le deba su eternidad a una evidencia que Le\u00f3n Tolstoi sintetiz\u00f3 en su archiconocido refr\u00e1n: \u201cPinta tu aldea y pintar\u00e1s el mundo\u201d; los acontecimientos humanos se reiteran, tanto en el curso de la realidad como en el de las historias que la reflejan; solo var\u00edan las formas. El asunto es \u2013y las catorce narraciones que integran El milagro del \u201cMono\u201d lo demuestran\u2013 que las formas adquieran la solidez bastante para ser, por s\u00ed mismas, pinturas valiosas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>LAS RUINAS<\/strong> (fragmento <em>correspondiente<\/em> al libro <a href=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/2019\/10\/10\/el-milagro-del-mono-pablo-vidal\/\">El milagro del Mono, Pablo Vidal, publicado por Milena Pergamino, 2018<\/a>\u00a0)<\/p>\n<p>Muy pocos lo vieron entrar por el hueco en la pared de la abandonada f\u00e1brica metal\u00fargica. Miradas escondidas en las ventanas. Pero, a los pocos d\u00edas, todos sab\u00edan que el loco, porque as\u00ed le dec\u00edan, se hab\u00eda apropiado de ese lugar que al fin de cuentas no era de nadie. Toda una manzana de paredes alt\u00edsimas, algunas rotas por el paso del tiempo o alguna tormenta o los golpes de quien hab\u00eda entrado por las noches a robar hierros viejos. Porque de eso tambi\u00e9n hab\u00eda mucho en la f\u00e1brica abandonada, mucho hierro en el techo, mucho hierro desparramado en los pisos. Los locales llamaban a ese lugar La Metal\u00fargica, porque eso hab\u00eda sido. Esa manzana completa abandonada en el centro del pueblo y en el tiempo, era el recuerdo de su decadencia, aunque muchos la ignoraban, como si hacerlo fuera a hacerla desaparecer. Pero el loco no la ignor\u00f3 y entr\u00f3 por aquel hueco, con sus siete perros y unas pocas pertenencias que guardaba en dos latas de veinte litros que como un equilibrista sosten\u00eda de los extremos de un palo de escoba sobre el hombro.<br \/>\nLoco, croto o vagabundo para las viejas educadas que lo miraban con desprecio, o Hugo para los que lo hab\u00edan conocido desde que apareci\u00f3 en Arrecifes, en las veredas, pidiendo, con la barba crecida y sucia, las costras de mugre y sus perros, esos perros que lo abrigaban cuando ten\u00eda fr\u00edo, o que ahuyentaban a los pibes que por maldad le tiraban piedras o naranjas de los \u00e1rboles de la esquina de la plaza. Verlo al loco era ver a sus perros. Hugo, con sus pasos cansados, sus mirada hacia abajo, con tres pul\u00f3veres sin importar la \u00e9poca del a\u00f1o, su par de latas grandes y, claro, sus perros. Vagabundeando las calles y durmiendo bajo el alero de alg\u00fan negocio, como quien ya no espera que suceda nada. Siempre haciendo los mismos recorridos, por las mismas calles, golpeando las mismas puertas por un plato de comida.<br \/>\nEl almacenero, que le daba siempre algo, aunque no muy seguido para que no se le \u201cinstalara\u201d en la puerta del negocio, hab\u00eda escuchado de uno de sus clientes que los pasos de Hugo en realidad iban trazando una especie de mapa secreto y que por eso los repet\u00eda una y otra vez. Cierta ma\u00f1ana, lo encontr\u00f3 durmiendo en la puerta de su local, sobre las mantas y rodeado de sus perros. Sin pensarlo dos veces, sali\u00f3 con un balde de agua y se lo tir\u00f3. El loco se levant\u00f3 de un salto, mojado y temblando por el fr\u00edo y el susto. Junt\u00f3 sus cosas y unos d\u00edas despu\u00e9s se lo vio ingresar a la f\u00e1brica metal\u00fargica abandonada. Varios lo vieron, pero a nadie le import\u00f3. Algunos pensaban que quiz\u00e1s ah\u00ed morir\u00eda el pobre viejo loco.<br \/>\nHugo entr\u00f3, esquiv\u00f3 algunas chapas y fierros oxidados y se acomod\u00f3 en un rinc\u00f3n, en el que su instinto de supervivencia le dijo que no corr\u00eda ning\u00fan riesgo. Sac\u00f3 su pava de lata y la llen\u00f3 con agua de una canilla tan en desuso, que al principio le cost\u00f3 trabajo abrir. Primero no sali\u00f3 agua, sino aire y pedazos de \u00f3xido. Y s\u00ed, pens\u00f3, ac\u00e1 no puede haber agua. Qui\u00e9n sab\u00eda el tiempo que hac\u00eda que no se usaba esa canilla. Ya empezaba a caminar las cuatro cuadras hasta la plaza en donde hab\u00eda una canilla que usaba siempre, cuando los perros empezaron a ladrar, y al girar, vio que un chorro de agua cristalina sal\u00eda, como si se tratara de un milagro. Esa canilla podrida, que reci\u00e9n hab\u00eda escupido mugre y herrumbre, le daba ahora el agua que necesitaba. Esa canilla, que parec\u00eda ser de la red del pueblo era lo \u00fanico que un\u00eda esas ruinas con el pueblo, como una d\u00e9bil arteria que une un \u00f3rgano enfermo con el resto del cuerpo. Puso la pava sobre un fueguito que improvis\u00f3 y se sent\u00f3 a ver las llamas. Su est\u00f3mago le ped\u00eda algo para comer. Hab\u00eda empezado a llover un poco. Sac\u00f3 de un bolsillo un pedazo de pan y dos facturas medio verdes. Comi\u00f3 una y el resto fue para sus perros, que echados, sin levantarse, devoraban lo que Hugo les arrojaba con buena punter\u00eda. Despu\u00e9s de tomar unos mates y sentir menos fr\u00edo, se durmi\u00f3 y, luego, sus perros tambi\u00e9n.<br \/>\nDespu\u00e9s de un tiempo se despert\u00f3, pero crey\u00f3 estar todav\u00eda so\u00f1ando, porque sobre una mesa de hierro oxidado, a unos pasos de su rinc\u00f3n, hab\u00eda una olla, y cuando se levant\u00f3 a ver, observ\u00f3 que ten\u00eda un sabroso guiso todav\u00eda humeante. Lo primero que hizo Hugo fue mirar para todos lados, como desconfiado. Despu\u00e9s, volvi\u00f3 a detenerse en la olla, sin tocarla, analiz\u00e1ndola. A continuaci\u00f3n, volvi\u00f3 a mirar a su alrededor de nuevo, se sorprendi\u00f3 de no ver pisadas y de que sus perros no hubieran ladrado. Quiz\u00e1s su mente le estaba volviendo a jugar una de esas malas bromas. Toc\u00f3 la olla; era real. Alguien, de alguna manera, hab\u00eda entrado, hab\u00eda pensado en \u00e9l, en \u00e9l y en sus perros, porque la olla era grande y su est\u00f3mago se hab\u00eda acostumbrado a cargar con poco. El aroma de esa comida era exquisito. Sabore\u00f3 una porci\u00f3n y el resto fue para sus compa\u00f1eros. Esa noche pudo dormir de corrido despu\u00e9s de muchos d\u00edas. Sus perros tambi\u00e9n lo hicieron.<br \/>\nPor la ma\u00f1ana, confirm\u00f3 que el rinc\u00f3n elegido era el correcto, porque el primer sol lo calentaba de forma muy agradable. Los perros recorr\u00edan las ruinas, marcaban su territorio. Hugo sonri\u00f3 al darse cuenta de que a ellos tambi\u00e9n les gustaba el lugar. Lo comprendi\u00f3 sobre todo cuando observ\u00f3 que no sal\u00edan de la f\u00e1brica abandonada.<br \/>\nDespu\u00e9s de tomar unos mates y raspar la olla un poco, empez\u00f3 a caminar las ruinas. Los altos muros que formaban la antigua f\u00e1brica se levantaban como si fueran la Gran muralla. Parec\u00edan, y eran infranqueables, salvo por el hueco que hab\u00eda usado Hugo para ingresar con sus perros. Esas ruinas cuadradas ocupaban una manzana completa. Al ver semejante estructura abandonada, costaba trabajo pensar que, en otras \u00e9pocas, el ruido del hierro contra el hierro se hab\u00eda o\u00eddo a cientos de metros y que los fuelles no hab\u00edan parado de funcionar. Ahora eran ruinas que con el tiempo quiz\u00e1s ser\u00edan demolidas y loteadas.<br \/>\nPor el filo de un port\u00f3n, Hugo observ\u00f3 la calle. La gente pasaba, iba y ven\u00eda. \u00bfQu\u00e9 hac\u00edan? \u00bfQu\u00e9 buscaban? \u00bfPor qu\u00e9 no las pod\u00eda entender?<br \/>\nDe vez en cuando, alguien que dec\u00eda ser un empleado municipal, se lo llevaba y le daba un ba\u00f1o, le afeitaba la barba y le pon\u00eda ropa limpia. Y luego, lo largaban a la calle de nuevo, para repetir el tr\u00e1mite unos meses despu\u00e9s. En uno de esos raptos, vio que su bienhechor ten\u00eda una radio peque\u00f1a, negra, de la cual sal\u00eda una m\u00fasica que le gustaba. Ese d\u00eda, tras el filo del viejo port\u00f3n oxidado, vio que un hombre pasaba caminando con una de esas radios pegada a la oreja y Hugo sonri\u00f3. Sus perros lo miraban y acaso no entend\u00edan. Lo cierto es que despu\u00e9s de dormir la siesta, ah\u00ed estaba la radio sobre la misma mesa en que antes hab\u00eda estado la olla con la comida. Y, otra vez, no hab\u00eda huellas. Tom\u00f3 el objeto entre sus manos y lo encendi\u00f3 (no pens\u00f3 en c\u00f3mo es que conoc\u00eda el funcionamiento del artefacto). La m\u00fasica aguda se oy\u00f3 entre las ruinas.<br \/>\nHugo no pod\u00eda entender c\u00f3mo era que alguien entraba sin dejar huella y sin hacer que los perros ladraran. Pens\u00f3 en que deber\u00eda tratarse de un vecino, porque la olla hab\u00eda estado todav\u00eda caliente. Despu\u00e9s de todo \u00e9l sab\u00eda que lo hab\u00edan visto meterse a las ruinas. Hab\u00eda tenido hambre, y hab\u00eda aparecido la comida. Tuvo el deseo de la radio, y all\u00ed estaba en su bolsillo gastado.<br \/>\nTuvo una idea bastante endeble como su mente, o quiz\u00e1s fue un instinto. Para su sencillo plan tuvo (&#8230;)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuentos que entrelazan historias de una peque\u00f1a ciudad o pueblo que podr\u00eda ser todos. Personajes de la cultura popular a trav\u00e9s una voz narradora simple. Entre melanc\u00f3lico y moderno, relatos urbanos que se mezclan con juegos de ni\u00f1o en un campito. Una voz narradora actual, simple pero profunda. M\u00fasica, misterio y f\u00fatbol. Recomendable para un primer acercamiento al mundo literario.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[19],"class_list":["post-650","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-textos","tag-educacion"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/650","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=650"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/650\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":659,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/650\/revisions\/659"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=650"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=650"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=650"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}