{"id":404,"date":"2020-10-30T11:02:10","date_gmt":"2020-10-30T11:02:10","guid":{"rendered":"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/?p=404"},"modified":"2020-10-30T11:02:10","modified_gmt":"2020-10-30T11:02:10","slug":"los-mimos-un-relato-de-amir-abdala","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/?p=404","title":{"rendered":"\u00abLos mimos\u00bb, un relato de Amir Abdala"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"435\" data-permalink=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/?attachment_id=435\" data-orig-file=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2.jpg\" data-orig-size=\"1104,408\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"amir cuento 2\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2-1024x378.jpg\" class=\"wp-image-435 aligncenter\" src=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2-300x111.jpg\" alt=\"\" width=\"833\" height=\"308\" srcset=\"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2-300x111.jpg 300w, https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2-600x222.jpg 600w, https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2-1024x378.jpg 1024w, https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2-768x284.jpg 768w, https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2.jpg 1104w\" sizes=\"auto, (max-width: 833px) 100vw, 833px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cImag\u00ednate estar all\u00ed abajo \u2013dijo Olive, escrutando<\/em><br \/>\n<em>la negrura del pozo-, imag\u00ednate dando vueltas all\u00ed,<\/em><br \/>\n<em>como un rat\u00f3n en una rueda, tratando de aferrarte<\/em><br \/>\n<em>de las paredes resbalosas, con el agua entrando en<\/em><br \/>\n<em>tu boca, y mirando hacia arriba para apreciar el\u00a0cielo<\/em><br \/>\n<em>apenas como una mancha diminuta\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">William Jacobs. <em>El pozo<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La visual del lugar era agradable. A pesar de que manten\u00eda una oscuridad casi\u00a0absoluta, se pod\u00eda apreciar el lujo en conjunto con sus detalles. La cuota, de\u00a0por s\u00ed costosa, escond\u00eda un acuerdo de confidencialidad que aceptaba a no\u00a0m\u00e1s de cinco personas por el resto de sus vidas. Entre otros puntos, el contrato\u00a0desarrollaba una serie de pautas donde, por ejemplo, cada interno de la\u00a0denominada \u201cSecci\u00f3n oculta: s\u00f3tano\u201d podr\u00eda desenvolver sus actividades\u00a0normales sin la pretensiosa mirada de un supervisor. Bajo este concepto de\u00a0privacidad, el r\u00e9gimen de visitas (exclusivo para familiares \u00edntimos) se\u00a0organizaba el primer s\u00e1bado del mes a las siete de la tarde. Asimismo, el asilo\u00a0se encargaba de ofrecerles a los pacientes atenci\u00f3n, confort y detenido cuidado\u00a0en todo lo que necesitaran para agudizar sus condiciones de placer.<\/p>\n<p>La Marcha F\u00fanebre (entre otras piezas cl\u00e1sicas) los despertaba, como\u00a0primera medida de seguridad emocional, a las once de la ma\u00f1ana. Durante las\u00a0horas siguientes, aunque cada uno se esforzaba por retomar el sue\u00f1o, repet\u00edan\u00a0hostigados en sus mentes el ritmo de las notas que amplificaban los espacios\u00a0comunes, acorde a la velocidad de los int\u00e9rpretes. Cansados y solitarios en sus\u00a0recuerdos, retomaban indefensos sus viejas costumbres. Lo notorio de las\u00a0decisiones en las que se enfocaban reca\u00edan en sus individualidades: uno\u00a0jugaba al ajedrez y el otro le\u00eda; una pintaba y la otra escrib\u00eda. Jam\u00e1s\u00a0concordaban ni un\u00edan sus actividades. Nadie ten\u00eda derecho a exigirles nada\u00a0porque, de los cuatro, ni uno solo levantaba la voz protestando por hambre, fr\u00edo\u00a0o sed. Desde esa posici\u00f3n so\u00f1aban: a veces, con sus hijos; y otras, con sus\u00a0pasados. Pero, en general, el desinter\u00e9s aumentaba y ca\u00edan en el olvido de\u00a0ellos mismos, perdiendo las ganas de comprender por qu\u00e9 todos sus esfuerzos\u00a0hab\u00edan declinado; sepult\u00e1ndose en esa b\u00f3veda repleta de comodidades y\u00a0objetos inservibles.<\/p>\n<p>De a poco se fueron acostumbrando a que sus cuerpos, en la realidad de\u00a0alquilar una subsistencia bajo tierra, eran unas simples burbujitas de detergente\u00a0que la gravedad, el viento o los dedos de Dios reventar\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sus debilidades se complementaban con la escasez de sus palabras. Aunque\u00a0la m\u00fasica sonara por horas, en ellos cuatro la necesidad de comunicarse o de\u00a0razonar alguna observaci\u00f3n estaba vedada por los sentimientos que cre\u00edan\u00a0controlar en y con el silencio. Adem\u00e1s de ciertas carcajadas que resonaban\u00a0huecas y a merced de sus destinos, vagaban por su cuenta entre las sombras\u00a0de los largos pasillos decorados con m\u00e1rmol, marfil, jarrones chinos,\u00a0porcelanas persas y alfombras bordadas en oro adquiridas en Oriente Medio.\u00a0Tambi\u00e9n contemplaban, ciegos por la abstinencia, los cuadros en el \u201cSal\u00f3n de\u00a0Arte\u201d, donde sus fotos colgaban estrat\u00e9gicamente formando, con total\u00a0precisi\u00f3n, unas l\u00edneas cronol\u00f3gicas que marcaban los hechos importantes de\u00a0sus logros sociales: t\u00edtulos universitarios, viajes por el mundo, casamientos,\u00a0hijos, hijas, bautismos, recortes de entrevistas y m\u00e1s. Tal estallido de\u00a0impotencia los hac\u00eda sentir vulnerabilidad y abandono. Sus voluntades estaban\u00a0vencidas. Ya no se culpaban ni trataban de justificarse.<\/p>\n<p>La indiferencia siempre hab\u00eda sido parte de sus futuros. Ninguno se\u00a0consideraba indispensable, excepto cuando sent\u00edan caer la noche en el cielo\u00a0raso de yeso esculpido con im\u00e1genes religiosas.<\/p>\n<p>Sus millones, sus prestigios, sus largas carreras acad\u00e9micas, s\u00f3lo hab\u00edan\u00a0sido la excusa para no escucharse ni escuchar. En definitiva, los deseos\u00a0satisfechos e incrementados por el hundimiento de otras personas revolv\u00edan,\u00a0en la miseria que habitaban, la vieja paz interior que tanto supieron esquivar.\u00a0El \u00e9xito los consumi\u00f3, como a los ni\u00f1os que, al hacerse mayores, son\u00a0alentados con las palabras: \u201cIn\u00fatil, basura, inservible\u201d. Quien los observaba\u00a0desplazarse en el arrastrar de sus pies descalzos, no pod\u00eda eludir la sensaci\u00f3n\u00a0de derrota y de l\u00e1stima que los envolv\u00eda. Entre la verdad de esos entes, alguna\u00a0vez hubo una historia que contar o una sonrisa que recordar. Lo poco que\u00a0hac\u00edan pasaba desapercibido. No importaba qui\u00e9nes hab\u00edan sido, a qu\u00e9 se\u00a0hab\u00edan dedicado ni por qu\u00e9 sus familias se hab\u00edan desligado de ellos. Lo \u00fanico\u00a0aceptable se rebajaba ante una pena definitiva, igual al ser que encuentra la\u00a0felicidad en el \u00faltimo minuto de su existencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El espect\u00e1culo contaba con dos clasificaciones: s\u00f3rdido en la moral de los\u00a0adultos y atrapante en el desprejuicio de los ni\u00f1os. Los l\u00edmites, evidentemente,\u00a0no eran las reglas. El comienzo los sorprend\u00eda cuando la llama de una vela\u00a0alumbraba el centro del zoom rectangular. Para ese entonces, las cortinas se\u00a0encontraban descorridas y el vidrio de acr\u00edlico brillaba entre la penumbra que\u00a0se trasluc\u00eda y los familiares que ansiaban compartir la presencia de sus padres\u00a0y madres, esposos y esposas, sentados en unas butacas de cine de primer\u00a0nivel: asientos reclinables, anchos, acolchonados y forrados con piel de\u00a0elefante.<\/p>\n<p>A medida que las pupilas se acostumbraban a la tenue densidad de la luz,\u00a0Rosa se mostraba inclinada sobre unas botellas peque\u00f1as que parec\u00edan\u00a0contener agua. Su quietud era admirable pero no por su tranquilidad, sino por\u00a0su postura de g\u00e1rgola. A su lado, Ramiro sorb\u00eda, en tragos demasiados cortos,\u00a0el l\u00edquido transparente desde el pico de la botella. Del otro lado, con el pelo\u00a0lacio y suelto que le llegaba hasta la cintura, Sonia hamacaba en la pose vac\u00eda\u00a0de sus brazos a nadie en particular, aunque, por el llanto de su esposo\u00a0abrazando con ternura a su hija, daba a entender que ella a\u00fan segu\u00eda\u00a0extra\u00f1ando la sensaci\u00f3n de aquella beb\u00e9 (que ya ten\u00eda siete a\u00f1os y ning\u00fan\u00a0recuerdo de su madre) tan deseada por ambos. En ese instante, Sonia solt\u00f3 de\u00a0golpe a su beb\u00e9 imaginario y tambi\u00e9n bebi\u00f3 desesperada del vaso que Roger\u00a0(tal vez el m\u00e1s inquieto de los cuatro) le serv\u00eda hasta hacerlo rebalsar. Por la\u00a0manera de tragar, la esposa de Roger se percat\u00f3 de que lo que tomaban no\u00a0era agua, sino alcohol et\u00edlico. Logr\u00f3 contar quince botellas en total, de las\u00a0cuales s\u00f3lo quedaban siete llenas. Despu\u00e9s de asegurarse de que el numerito\u00a0teatral no durar\u00eda demasiado, sonri\u00f3. Su econom\u00eda estaba segura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el ambiente se respiraba ansiedad. Los padres y las madres ahogaban los\u00a0gritos o las quejas de sus hijos amenaz\u00e1ndolos con dejarlos ah\u00ed si no se\u00a0callaban. Encontraban la satisfacci\u00f3n de estar haciendo lo indicado y de la\u00a0mejor manera posible. Sab\u00edan que ninguno de los cuatro les devolver\u00edan las\u00a0indirectas o los gestos de asco, verg\u00fcenza y lamento. Se excusaban en los\u00a0perdones que siempre quisieron dedicarse, pero que nunca pudieron ni\u00a0tuvieron el verdadero valor para hacerlo. A veces, los que controlaban y\u00a0organizaban las reuniones mensuales, les advert\u00edan a los visitantes que\u00a0pasada la hora de funci\u00f3n deb\u00edan retirarse. Agregaban que el que pusiera\u00a0alguna objeci\u00f3n, pagar\u00eda la multa que figuraba en el punto nueve del contrato.\u00a0Tambi\u00e9n, antes de entrar, les informaban, mediante una reuni\u00f3n grupal, que el\u00a0trabajo que llevaban a cabo los iba matando r\u00e1pidamente con su propio\u00a0alcoholismo. La frase textual e implementada para prosperar la tranquilidad de\u00a0quienes hab\u00edan abonado en efectivo el tratamiento completo era: \u201cLa adicci\u00f3n\u00a0es como el sexo, se\u00f1oras y se\u00f1ores: explicarlo ser\u00eda una estupidez\u201d.<\/p>\n<p>La singularidad se transformaba en un discurso contradictorio y, para\u00a0algunos, dif\u00edcil de digerir. Dadas las caracter\u00edsticas, el escenario, junto a sus\u00a0actores, vislumbraba un desenlace m\u00e1s que predecible. Rosa trat\u00f3 de pararse,\u00a0pero se desestabiliz\u00f3 y cay\u00f3 de espaldas, d\u00e1ndose la cabeza contra la pared y\u00a0quedando con la boca abierta en el piso de parquet. En la otra punta, Sonia y\u00a0Ramiro se divert\u00edan tomando \u201cfondo blanco\u201d de unos vasitos de cristal, mientras\u00a0se apoyaban p\u00e1lidos y desenfocados en el acr\u00edlico, de frente a los familiares.\u00a0Roger, que en todo momento permaneci\u00f3 caminando y girando en c\u00edrculos con\u00a0su delantal gris oscuro, se tocaba el coraz\u00f3n con el dedo \u00edndice, se\u00f1alaba\u00a0hacia arriba, juntaba las manos en modo de rezo, se tapaba las orejas y\u00a0negaba desesperado.<\/p>\n<p>En el aturdimiento que parec\u00edan apagarse, la hija de Sonia le dijo a su padre:<\/p>\n<p>-Son como mimos, pap\u00e1.<\/p>\n<p>El padre, reflexivo, le contest\u00f3:<\/p>\n<p>-Peor, mi amor. Estos ya no lloran.<\/p>\n<p>De repente, un hombre vestido de traje blanco apag\u00f3 la vela de un soplido,\u00a0corri\u00f3 las cortinas y levant\u00f3 la p\u00faa del meg\u00e1fono que hab\u00eda estado sonando\u00a0con explosiones de fuegos artificiales, s\u00f3lo audibles para los internos. Tres\u00a0enfermeras ordenaron a los cuatro martirizados. Los llevaban, sentados en\u00a0sillas de rueda, a sus respectivas habitaciones. Mientras tanto, los familiares se\u00a0retiraban orgullosos por un lado y confundidos por el otro, pensando en la\u00a0educaci\u00f3n que trataban de inculcarle a sus primog\u00e9nitos sobre las adicciones,\u00a0los excesos y las consecuencias de\u2026<\/p>\n<p>En lo inconcluso, todo final (literario o literal) representaba, por intempestivo\u00a0que pareciera, el camino de un desierto por pasar.<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p><strong>El autor:<\/strong> Amir Abdala naci\u00f3 en Rojas (Buenos Aires) en 1990. Escritor autodidacta es autor de los poemarios <em>Hay un poema dormido, hay un poeta despierto<\/em> (Imaginante, 2015), <em>Lo \u00fanico que pasa es lo que no se recupera<\/em> (Imaginante, 2016) y la novela <a href=\"http:\/\/188rutaeditorial.com.ar\/2018\/09\/01\/el-vertigo-de-la-felicidad-amir-abdala\/\"><strong><em>El v\u00e9rtigo de la felicidad<\/em><\/strong><\/a> (Nido de Vacas, 2018).<\/p>\n<p><strong>(*)<\/strong> \u00abLos mimos\u00bb es un relato in\u00e9dito y fue seleccionado para la participar de la Antolog\u00eda Literaria Digital Nro. 56 (Octubre 2020) de la revista <a href=\"https:\/\/elnarratorio.blogspot.com\/p\/antologia-literaria-digital-nro-56.html\"><strong>El Narratorio<\/strong><\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La frase textual e implementada para prosperar la tranquilidad de\u00a0quienes hab\u00edan abonado en efectivo el tratamiento completo era: \u201cLa adicci\u00f3n\u00a0es como el sexo, se\u00f1oras y se\u00f1ores: explicarlo ser\u00eda una estupidez\u201d.<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":435,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[32],"class_list":["post-404","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-textos","tag-cuentos"],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/wp-content\/uploads\/2020\/10\/amir-cuento-2.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/404","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=404"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/404\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":437,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/404\/revisions\/437"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/435"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=404"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=404"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nidodevacas.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=404"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}